Un día te querré... Un día: ¿cuándo?
No lo sé, ni me importa, todavía.
Tan segura de amarte estoy, un día,
que ni anhelo ni busco, voy andando.
Mi mano que la espera va ahuecando
hoy reposa indolente, blanda y fría.
Un día te querrá... Hoy sólo ansía
encerrarse en la tuya, descansando.
Mi amor sabe aguardar. No es impaciente:
su deseo es arroyo, y no torrente
que hacia ti, con certeza, sigue andando.
Y una tarde cualquiera y diferente
me ha de dar a tu amor, serenamente.
Un día te amaré: ¿qué importa cuándo?
"Un día te amaré", de Julia Prilutzky
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lunes, 17 de septiembre de 2007
miércoles, 28 de febrero de 2007
Y si ese beso
Cuando en la noche más oscura siento
el llanto del susurro de un lamento,
tus caricias me quitan el tormento
y me entrego como la hoja al viento.
Sólo la espera me mantiene vivo
por ver que tus labios rozan los míos,
por ver que en mi mundo aun queda cariño,
por ver que en tu vida está mi camino.
Recibe el beso que te da mi alma
y guárdalo siempre en el corazón;
nos podríamos encontrar mañana,
y si ese beso en ti no descansó,
¿cómo podría amar a la que echaba
al fuego, un simple gesto de amor?
"Y si ese beso", de Acus, para Ana Flan (escrito en el verano del año 2000)
el llanto del susurro de un lamento,
tus caricias me quitan el tormento
y me entrego como la hoja al viento.
Sólo la espera me mantiene vivo
por ver que tus labios rozan los míos,
por ver que en mi mundo aun queda cariño,
por ver que en tu vida está mi camino.
Recibe el beso que te da mi alma
y guárdalo siempre en el corazón;
nos podríamos encontrar mañana,
y si ese beso en ti no descansó,
¿cómo podría amar a la que echaba
al fuego, un simple gesto de amor?
"Y si ese beso", de Acus, para Ana Flan (escrito en el verano del año 2000)
jueves, 8 de febrero de 2007
Dame
Dame algo más que silencio o dulzura
Algo que tengas y no sepas
No quiero regalos exquisitos
Dame una piedra.
No te quedes quieto mirándome
como si quisieras decirme
que hay demasiadas cosas mudas
debajo de lo que se dice.
Dame algo lento y delgado
como un cuchillo por la espalda
Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!
"Dame", de Carlos Edmundo de Ory
Algo que tengas y no sepas
No quiero regalos exquisitos
Dame una piedra.
No te quedes quieto mirándome
como si quisieras decirme
que hay demasiadas cosas mudas
debajo de lo que se dice.
Dame algo lento y delgado
como un cuchillo por la espalda
Y si no tienes nada que darme
¡dame todo lo que te falta!
"Dame", de Carlos Edmundo de Ory
viernes, 8 de diciembre de 2006
Sin más espera
¬
Huérfanos son mis besos de tu boca,
y huérfanas mis manos de tu piel;
huérfano estoy de ti, como el pincel
del color que el artista no convoca.
Cada mañana mi ansiedad invoca
tantas razones para serte infiel…
Si tantos libros hay en mi anaquel,
¿por qué uno solo tu memoria evoca?
No quiero releer lo ya leído,
quiero ese libro tuyo y, sumergido
entre sus líneas, conocerte entera.
Quiero estrenar tus páginas, leerte
con ojos, manos, voz, y retenerte;
sin orfandad de ti, sin más espera
"Sin más espera", de Francisco Álvarez Hidalgo
Huérfanos son mis besos de tu boca,
y huérfanas mis manos de tu piel;
huérfano estoy de ti, como el pincel
del color que el artista no convoca.
Cada mañana mi ansiedad invoca
tantas razones para serte infiel…
Si tantos libros hay en mi anaquel,
¿por qué uno solo tu memoria evoca?
No quiero releer lo ya leído,
quiero ese libro tuyo y, sumergido
entre sus líneas, conocerte entera.
Quiero estrenar tus páginas, leerte
con ojos, manos, voz, y retenerte;
sin orfandad de ti, sin más espera
"Sin más espera", de Francisco Álvarez Hidalgo
miércoles, 22 de noviembre de 2006
Otra mano
¬
Tiemblan inviernos en mi mano yerta,
y en la tuya, cerrada, no consigo
ni acción de amante ni calor de amigo;
y así busco otra cálida y abierta.
Mujer desconocida, si a tu puerta
golpean los nudillos de un mendigo,
¿le dejarás entrar, dándole abrigo?;
¿le extenderás tu mano, aunque inexperta?
Mis alforjas al hombro están vacías
de haberlo dado todo. ¿Me darías
de tu pan y tu vino junto al fuego?
Serás un intervalo en mi camino,
o tal vez mi objetivo, mi destino,
al que tras tanto deambular hoy llego.
"Otra mano". de Francisco Álvarez Hidalgo
Tiemblan inviernos en mi mano yerta,
y en la tuya, cerrada, no consigo
ni acción de amante ni calor de amigo;
y así busco otra cálida y abierta.
Mujer desconocida, si a tu puerta
golpean los nudillos de un mendigo,
¿le dejarás entrar, dándole abrigo?;
¿le extenderás tu mano, aunque inexperta?
Mis alforjas al hombro están vacías
de haberlo dado todo. ¿Me darías
de tu pan y tu vino junto al fuego?
Serás un intervalo en mi camino,
o tal vez mi objetivo, mi destino,
al que tras tanto deambular hoy llego.
"Otra mano". de Francisco Álvarez Hidalgo
sábado, 21 de octubre de 2006
Dulce soñar
¬
Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme.
Dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba,
que alguna vez llegara a despertarme.
¡Oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras, si vinieras tan pesado,
que asentaras en mí con más reposo!
Durmiendo, en fin, fui bienaventurado;
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.
"Dulce soñar", de Juan Boscán
Dulce soñar y dulce congojarme,
cuando estaba soñando que soñaba;
dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme.
Dulce no estar en mí, que figurarme
podía cuanto bien yo deseaba;
dulce placer, aunque me importunaba,
que alguna vez llegara a despertarme.
¡Oh sueño, cuánto más leve y sabroso
me fueras, si vinieras tan pesado,
que asentaras en mí con más reposo!
Durmiendo, en fin, fui bienaventurado;
y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.
"Dulce soñar", de Juan Boscán
sábado, 22 de octubre de 2005
Soneto de tus vísceras
¬
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.
"Soneto de tus vísceras", de Baldomero Fernández Moreno (poeta argentino)
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.
"Soneto de tus vísceras", de Baldomero Fernández Moreno (poeta argentino)
martes, 14 de junio de 2005
Entrada en el jardín
La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano (Carmen Conde)
Ya se terminó la feria del libro, y con ella, mis entretenidas mañanas de cómodo trabajo. Me he comprado dos libros de poemas. Hacía mucho que no leía ninguno de este género, y como me hacían más descuento, por estar trabajando allí, pues ni me lo he pensado. Uno de los libros, lo ha escrito el que fue mi monitor de ocio y tiempo libre, cuando yo era más pequeño (11-12 años). Y está dedicado, por supuesto. Escribe en verso libre, qué maravilla. Aquí os dejo con un poema hiperbreve titulado "Entrada en el jardín":
Ya se terminó la feria del libro, y con ella, mis entretenidas mañanas de cómodo trabajo. Me he comprado dos libros de poemas. Hacía mucho que no leía ninguno de este género, y como me hacían más descuento, por estar trabajando allí, pues ni me lo he pensado. Uno de los libros, lo ha escrito el que fue mi monitor de ocio y tiempo libre, cuando yo era más pequeño (11-12 años). Y está dedicado, por supuesto. Escribe en verso libre, qué maravilla. Aquí os dejo con un poema hiperbreve titulado "Entrada en el jardín":
"Me gustaba tanto entrar al jardín
que tenía miedo de pisar las flores".
"Amando nubes", de Francisco Cenamor.
miércoles, 1 de junio de 2005
Sonatina
¬
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
"Sonatina", de Rubén Darío
miércoles, 18 de mayo de 2005
Callar
¬
Callar, callar. No callo porque quiero,
callo porque la pena se me impone
para que la palabra no destrone
mi más hondo silencio verdadero.
Reina el silencio, el obrador austero
que un puente entre dos músicos compone,
para que el labio enmudecido entone
hacia dentro, hasta el pozo, el salmo entero.
Yo bien quisiera abrir al sello el borde,
desligar a las aves del acorde
y en volador arpegio darles cielo,
si no temiera que al soltar la rama
en vez de dulce cántico del celo
sonara la palabra que no ama.
Callar, callar. No callo porque quiero,
callo porque la pena se me impone
para que la palabra no destrone
mi más hondo silencio verdadero.
Reina el silencio, el obrador austero
que un puente entre dos músicos compone,
para que el labio enmudecido entone
hacia dentro, hasta el pozo, el salmo entero.
Yo bien quisiera abrir al sello el borde,
desligar a las aves del acorde
y en volador arpegio darles cielo,
si no temiera que al soltar la rama
en vez de dulce cántico del celo
sonara la palabra que no ama.
"Callar", de Gerardo Diego (poeta de la Generación del 27)
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