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domingo, 18 de febrero de 2007

Avioncitos de papel

El sabio es quien quiere asomar su cabeza al cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza (Gilbert Keith Chesterton)

Cuando yo era pequeño, conocí a una niña con unos grandes ojos negros. Íbamos juntos a clase y ella siempre me miraba, pero yo nunca le decía nada porque era muy tímido.

Un día, cuando volví del recreo, ella había dejado un avioncito de papel encima de mi pupitre. Yo la miré, ella ya me miraba y sonrió, pero no le dije nada porque era muy tímido.

Pero el segundo día había dejado dos avioncitos de papel. La volví a mirar, me volvió a sonreir, pero nada, seguí sin poder decirle nada.

¿Al tercer día? Al tercer día el pupitre estaba lleno de aviones de papel.

¿La clase? La clase estaba llena de aviones de papel.

¿El colegio? El colegio lleno de aviones de papel.

Entonces no tuve más remedio que buscarla, y la busqué y cuando la encontré le dije:

"¿Por qué? ¿Por qué me regalas tantos aviones de papel?"

Y ella me contestó:

"Porque tú, Tú eres mi cielo".

"Avioncitos de papel", de Jairo Anibal niño.

lunes, 5 de febrero de 2007

Los hombres en el trabajo

Ésta es la historia de un viajero que, en plena Edad Media, fue a parar a un pequeño pueblo francés. El caminante, al ver que prácticamente todo el pueblo se encontraba en obras, decidió acercarse a unos canteros para interesarse por su trabajo.

- ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo? - le preguntó a uno de los trabajadores.

El hombre, molesto por la pregunta, le contestó a regañadientes:

- Estoy picando estos enormes bloques de piedra con la más primitiva de las herramientas y después los estoy ensamblando tal y como se me ha indicado. Como uested imaginará, estoy sudando la gota gorda y además me duele muchísimo la espalda. Y para colmo de los colmos, me aburro como una ostra y me paso el día soñando con dejar este trabajo tan absurdo y tan duro.

Ante tal respuesta, el viajero optó por largarse y entrevistar a otro cantero.

- ¿Podría explicarme en qué cosiste su trabajo? - preguntó nuevamente.

Y el segundo cantero le contestó:

- Pues mire, como tengo mujer e hijos no me queda más remedio que levantarme pronto cada mañana y venir a picar la piedra, tal y como se me ordena. Es un trabajo repetitivo, como se imaginará, pero gracias a él puedo alimentar a mi familia, que es lo que importa.

Más animado por esta segunda respuesta, el forastero se acercó a otro trabajador.

- Y usted, ¿qué está haciendo?

Y el tercer cantero, con los ojos brillantes de la emoción y con el dedo índice apuntando hacia el cielo, le contestó:

- Nada menos, señor, que levatar una catedral. ¡Una preciosa catedral!

"Los hombres en el trabajo", Anónimo.

sábado, 6 de enero de 2007

Regalos del cuarto Rey Mago

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Una flor, para que aprendas a amar la tierra.
Una jaula sin puerta, para que aprendas a amar el aire.
Una vasija de barro, para que aprendas la fragilidad de las cosas.
Un reloj sin manecillas, para que vivas todo en presente.
Un abrazo en silencio, para que alumbres en ti la ternura.
Un libro, para que te sientas más libre.
Un día sin televisión, para que la noticia seas tú.
Un paseo por el campo, para celebrar la belleza del mundo.
Una caracola, para que aprendas a amar el agua.
Un atardecer dorado, para que bañes tus ojos de cielo.
El canto de los pájaros al amanecer, para que oigas la música de tu alma.
Un amigo para jugar, para recordarte tu humanidad.
Una noche estrellada, para que veas la eternidad dentro de ti.
Un día de lluvia, para que aprendas a ser agradecido.
Un día de sol, para que reconozcas la luz que llevas dentro.
Una canción, para que puedas celebrar la danza de la vida.
Una botellita cerrada. No la abras nunca, para que así puedas amar y comprender el Misterio.

"El regalo del cuarto Rey Mago", de José María Toro Alés.

martes, 2 de enero de 2007

El cuarto Rey Mago

El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda (Oliver Goldsmith)

Los Reyes Magos eran tres. ¿O eran cuatro?

Una leyenda rusa cuenta la historia de este cuarto Rey. Mientras los otros llevan oro, incienso y mirra, él ha empaquetado como regalo tres piedras preciosas.

En el viaje, el cuarto Rey encuentra, al borde del camino, un niño herido. Le recoge consigo, busca en el próximo pueblo una familia para el niño y les da una piedra preciosa para que lo puedan atender. Luego busca la estrella, y se pone en camino para alcanzar a sus compañeros.

Sin embargo, en el próximo pueblo se entera de que los niños de una familia deben ser vendidos como esclavos porque su padre, a su muerte, sólo les ha dejado deudas. Él regala a la familia la segunda piedra.

A punto de perder de vista a la estrella, se apresura y continúa su solitario viaje, para llegar a un país extrajero donde impera la guerra. Sufrimiento, miseria y sangre cubren la tierra y los corazones de los hombres. En una aldea, los soldados habían concentrado a todos los campesinos en un plaza. Iban a morir con una muerte cruel. Allí se desprendió de la tercera piedra preciosa para liberar a los habitantes del pueblo, amenazados de muerte.

Y así pasa el tiempo. Su afán de ayudar y su amor a los hombres lo distraen de su peregrinación. Finalmente es testigo de cómo un hombre es llevado a galeras como esclavo. Por compasión, el cuerto Rey ocupa su lugar. Pasan años hasta que al final, es puesto en libertad.

Sueña de nuevo con su estrella. Treinta años después de la salida de los otros tres Reyes, de nuevo, vuelve a lucir en el cielo. El cuarto Rey la sigue, y es conducido a una ciudad, llamada Jerusalén. Reina allí gran agitación ya que tres hombres van a ser ejecutados...

Se abre paso entre la multitud, y ve a tres hombres que acababan de ser crucificados. El cuarto Rey Mago reconoce a Jesús, y en tono de súplica, le dijo:

"Perdóname. Llegué demasiado tarde. Por fin estoy aquí, con las manos vacías".

"Lo sé", dijo el Señor, "sin embargo, todo lo que has hecho por el más pequeño de entre los hombres, me lo has hecho a mí".

Hincado de rodillas, extiende sus manos vacías hacia la cruz. De las heridas de Jesús caen tres gotas de sangre en las manos del Rey. Entonces, el Señor murió. Pero cuando el cuarto Rey abrió su mano, había allí tres piedras preciosas rojas, más valiosas que todas las piedras preciosas del mundo.

"El Cuarto Rey", adaptación de Javier Calvo

jueves, 2 de noviembre de 2006

Corta el césped

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Un hombre le ofreció a su hija de doce años una propina si cortaba el césped del jardín. La muchacha puso manos a la obra con todo entusiasmo, y al anochecer había quedado perfectamente cortado todo el césped..., a excepción de una de las esquinas del mismo.

Cuando el padre le dijo que no podía darle la propina convenida, porque no había cortado todo el césped, ella le replicó que no le importaba, pero que no cortaría aquel trozo de césped.

Intrigado por conocer el motivo, el padre se acercó a examinar el lugar en cuestión y vio que, justamente en el centro de la zona que había quedado sin cortar, había un enorme sapo. La muchacha había sentido demasiada compasión como para atropellarlo con el cortacésped.

"Donde hay amor, hay desorden. El orden perfecto haría del mundo un cementerio"

"La oración de la rana", de Anthony de Mello

Le Dedico Este Cuento A "The Froggy", Mi Madrina De Blog; Si No Es Por Ella, Nunca Hubiera Creado Uno. Fue Mi Guía, Mi Inspiración, Mi Libro De Instrucciones Para Modificar Elementos De Mi Blog, Pero Sobre Todo, Es Mi Amiga.

viernes, 6 de octubre de 2006

Dios y las galletas

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La madre: “¿Sabías que Dios estaba presente cuando cogiste esa galleta de la cocina?”

El niño: “Sí”.

“¿Y sabías que te estaba viendo?”

“Sí”.

“¿Y qué crees que te estaba diciendo Dios?”

“Me decía: - No estás tú solo; estamos los dos. De modo que coge dos galletas - ”.

“La oración de la rana 2”, de Anthony de Mello

martes, 25 de octubre de 2005

"Estaba seguro de que vendrías"

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“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para salir a buscarlo”.

“Permiso denegado”, replicó el oficial. “No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”.

El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El oficial estaba furioso: “¡Ya te dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?”
Y el soldado, moribundo, respondió: “¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: “Jack…, estaba seguro de que vendrías”.

"La oración de la rana" de Anthony de Mello

martes, 17 de mayo de 2005

El amor del doctor en filosofía

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Un individuo estaba haciendo su doctorado en filosofía,
y su mujer sólo comprendió la seriedad con que estudiaba su marido
el día que le preguntó: "¿Cuál es la razón de que me quieras tanto?".

Veloz como el rayo, el marido replicó: "Cuando dices 'tanto',
¿te refieres a la intensidad, a la profundidad,
a la frecuencia, a la calidad o a la duración?"

Jamás ha captado nadie
la belleza de la rosa
diseccionando sus pétalos.

"La oración de la rana", de Anthony de Mello